No recuerdo porqué estaba esta tarde en el paseo marítimo. La lluvia me ha cogido por sorpresa. He corrido buscando refugio bajo los balcones que sobresalían de las fachadas como viseras, hasta que me he detenido protegida por la marquesina del Hotel Royal.
Mientras me secaba los ojos y apartaba el cabello mojado de la cara, me ha parecido verte en la otra acera. Vestías gabardina gris y paraguas a cuadros marrones. Parecías uno de esos galanes de los anuncios de colonia para hombres. He salido de mi refugio y bajo la cortina de agua he corrido hacia ti. A cada paso confirmaba que no me equivocaba. Eras tú, sin duda, pero como si hubieran pasado muchos años. Llevabas unas gafas redondas de carey. El pelo ondulado y negro, ahora era gris. Tu gesto decidido había perdido energía. Aquella expresión que tanto me enamoraba de que podías con todo, se había relajado. Mientras te miraba perpleja, me has cogido del brazo y me has cubierto con el paraguas.
–Ven aquí, que vas a resfriarte. ¿A dónde iba mi despistada?– has dicho mientras me besabas en la frente y pasabas tu mano por mi mejilla.
He buscado tus ojos. En tus gafas he visto reflejada una anciana.
14/01/2010

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