Teresa era una mujer solitaria con una vida aburrida y monótona. Sólo tenía una amiga de verdad. La conocía desde hacía muchísimos años y confiaba plenamente en ella. Aquella amiga era parlanchina y ruidosa. A veces se ponía muy seria y otras excesivamente alegre. Cuando se veían Teresa siempre era la que escuchaba en silencio mientras que su amiga hablaba sin parar. A pesar de que tenían carácteres totalmente opuestos Teresa se sentía muy bien en su compañía.
Un día la amiga le presentó a Eduardo y Teresa se enamoró perdidamente de él. Fue un auténtico flechazo. Eduardo era atractivo, varonil y seductor. Lo que más le gustaba de él era su voz grave y aterciopelada. Siempre se veían en casa de Teresa. Él era muy puntual, llegaba a las nueve de la noche cada día de lunes a viernes y era tan discreto que nadie lo había visto entrar o salir de la casa de Teresa.
Ella era muy feliz cuando estaba con él. Eduardo siempre tenía historias interesantes que contarle.
Una tarde Teresa decidió ir a esperarlo a la puerta de su trabajo. Cuando el conserje le dijo quién era se quedó helada. ¡Aquél no podía ser “su “ Eduardo! El hombre que tenía delante era bajito, calvo y muy mayor. Depronto la ira la invadió.j Se sentía humillada y engañada. ¡Su amiga tenía la culpa de todo aquello!
Cuando llegó a su casa decidió vengarse. Cogió a su mejor amiga: la radio que la había acompañado durante tantos años y la lanzó por la ventana. Así que Eduardo, el locutor más famoso de Radiofandango nunca más volvió a visitarla de lunes a viernes a las nueve de la noche.
10/12/2009

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