Tenía los ojos quemados de tanto contemplar aquella arena roja. Se le antojaba que llevaba toda la vida caminando perdido por aquel despótico desierto, de vez en cuando era sorprendido por una tormenta de arena que lo engullía y lo hacía girar irremisiblemente en un cruel torbellino de miedo y de polvo. Tanta era su angustia que ya no recordaba como era su vida antes de aquel desierto, tan sólo alcanzaba a recordar polvo y miedo, miedo y polvo.
De repente, se vio engullido por una de aquellas apocalípticas tormentas que lo hizo girar vertiginosamente en un tornado que lo precipitó al vacío. Alguien había girado aquel gigantesco reloj de arena, iniciando un nuevo ciclo de tiempo (..) y de miedo
12/11/2009

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